Y así de repente…llegó. Han habido muchas tentativas a lo largo de estos dos últimos meses y al final…apareció, con su decadencia natural y su frío característico. Amigos, amigas, el otoño ha llegado. El eterno verano ha dado paso a las hojas secas, la noche excesivamente temprana, el encendido de la calefacción, la lluvia, los abrigos, la televisión con manta y a los ratos interminables en ambientes cerrados (ya bien sea un bar o el salón de casa). Sin darnos cuenta, nuestra mentalidad y estado de ánimo ha cambiado. Los días pasan rápido y parece que las semanas pasan ‘así, tal cual’.
La decadencia se impone en nuestras vidas, puede ser de forma positiva o negativa, pero podemos encontrarle su encanto. Pasear por las calles cualquier mañana pisando hojas secas, esquivando alguna bicicleta que otra, puede convertirse en un momento especial. Tomar un café a las cuatro de la tarde planificando el fin de semana en un bar puede convertirse en un momento divertido. Entablar una conversación con amigos en una cervecería por la noche o incluso viendo el fútbol puede convertirse en un momento filosófico, con alguna risa que otra. Quedarse en casa con ‘peli, mantita y buena compañía’ puede convertirse en un momento de relax y desasosiego. Tumbarse en la cama leyendo o escuchando música puede convertirse en un momento de reflexión. Recorrer las calles de noche y con mucho mucho frío puede convertirse en un momento mágico.
Sin perder de vista las próximas fechas navideñas, que por lo general nos encantan a la mayoría, no despreciemos el encanto de esta estación ‘pasajera’ del año y todo lo bueno que tiene.




Bravo!